Releer para encontrar cosas que no recordaba, no soy consciente de aquellos supuestos gestos, de las rumoreadas miradas a las claras. Yo no los reconocí, yo no las vi. No noté nada, creí a ciegas. Pensé en ti, en mí, en lo corriente. Pensé en ti demasiado, me olvidé de mí misma y me sumergió tu realidad. La mía pasó a no existir más. Confié en lo que no vi, seguí un impulso a toda costa. Culpable de ser yo misma quien se autoconvenció de aquella falsedad. Y no, todo estuvo mal, yo estuve mal. Cambié, y en parte quería ser lo que no era, quería ser la chica perfecta para ti -si es que tal chica existe-, para tu rara vida, Y las sombras de aquellas a las que ni siquiera conocía llegaban hasta aquí, hasta mí. Y luchaba por ser capaz de ser mejor para ser capaz de ser como ellas, porque ellas eran importantes para ti, porque ellas significaban algo para ti, porque tenías una historia común con ellas (oh, afortunadas ellas). Yo quería ser como aquellas ellas: inteligentes, guapas, aventureras, con el don de la palabra, creadoras de juegos de palabras, divertidas, ocurrentes, amigables, borrachinas, interesantes, imaginativas, bohemias. Y quizá el problema estaba en mí, dentro de mí, naciendo y enraizándose, invadiéndome por dentro. Y así dejé de vivir, de vivir el momento, que es lo esencial para cualquiera que desee gozar la vida de verdad. Y pensando más de la cuenta en un impulso, te perdí. Sí, creo que, al menos, ese fue el origen de todo... Bueno, de toda esa pena y esa mierda que luego me tocó vivir. Porque si las sensaciones se desbocan y sólo subes y subes, la caída terminará llegando y te estampará contra el suelo sin piedad.
Vale, todo esto puede resultar muy enrevesado, pero ahora sabrás que sólo intento contar que una vez me enamoré de Jim.

A ese por el que tantas páginas de este blog y de algún cuaderno rellené. A ese que inspiró lo mejor y lo peor de mí misma. A ese con el que soñaba cada noche y deseaba ver cada día. A ese que dijo que jamás dejaría de sorprenderle pero que no quiso más sorpresas. A ese que me dejó el corazón partío y al que ahora podría retratar esta canción. A ese que me dio una tarde maravillosa de diciembre en la que sí se iba.

Pero Esta Tarde No Te Vas - Alejandro Sanz