El día que Mario Benedetti murió
Es el mismo día en que el mundo ha pasado a ser un poco peor, porque ya no habrá quien escriba sobre el amor, el ateísmo, Dios, la vida y la política como lo hacía él. Y la noticia ha llegado así como si nada, como un jarro de agua fría, como una noticia tan inesperada como desagradable. Quién iba a pensar que de madrugada, al otro lado del Atlántico moría un escritor tan sensible y directo, un hombre tan bueno y generoso, sobre todo porque entregó su poesía para que otros pudiéramos disfrutarla y sentirnos identificados.
Pero si algo tiene de positivo esta muerte es que muchos de los que hemos creado un blog le dedicamos un espacio en él (en muchos casos, una vez más) para que se sepa que hoy es un día triste, que la vida es (una vez más) injusta, que el sol ha brillado un poquito menos y que una estrella rutilante brillará esta noche en el cielo y para siempre ya.
Nos deja esta primavera con una esquina rota... Y para cerrar este capítulo, aunque para no llegar a decir nunca adiós, quedémonos con un...
HASTA MAÑANA
Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño
que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido
por las malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?
Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.
No me lo digan cuando me despierte.











usia dijo
Se va un grande, pero queda, lo más importante, su memoría, su recuerdo, en su legado.
¡Descanse en paz! Y como él imploraba... ¡Defendamos la alegría!
¡¡Besitos!! Por cierto, una alegría saber que sigues ahí...
18 Mayo 2009 | 11:06 PM