Hoy, un día, un único día en el que me acosté sin conectar el despertador, sin pensar en ello siquiera, me ha despertado el timbre. No sé cuánto tiempo ha estado sonando, pero han sido dos veces seguidas cuando he abierto los ojos intentando saber si era realmente a mi casa a donde llamaban. Otra vez. Sí, es aquí. ¿Y quién será? No espero a nadie. Mis padres están fuera de la ciudad, mi hermano está fuera de la ciudad, aquí no tiene qeu venir nadie y menos a las diez de la mañana... Sin saber qué pensar, me he levantado y he corrido a la entrada. Tan soñolienta estaba que he pulsado primero el botón del telefonillo, creyendo que pensaba claramente que, fuera quien fuera, no podía haber subido hasta el rellano. Pero entonces volvió a llamar al timbre. Eché un vistazo por la mirilla y abrí. Da igual quién era. El tema sí, el esperado: mal de amores, posible crisis, posible ruptura y posibilidad de que fuese la definitiva. Lo que ha pasado no me lo podía esperar y menos aún cuando puede que yo también sea parte engañada en todo esto. Mucho hablar, mucho desahogarse, muchas lágrimas y muchos "no lo entiendo" después, le planteo qué va a hacer ahora. Menos mal que todo esto sucede ahora que me parece todo más relativo, que no creo que el mundo se acabe por nada ni por nadie, que me siento más adulta y que me he dado cuenta de que lo primero es uno mismo. Y eso le digo, intentando que no se confunda con un consejo: Tienes que mirar por ti.

Por mucho que quieras a una persona, si no te quiere igual, no hay nada que hacer. Si tú sabes lo que quieres, si lo único que ansías es estar con esa persona y que todo esté bien como en los momentos en que ha estado bien, eso no depende de ti, porque al menos la mitad depende del otro. Si no te valora como mereces, no tiene sentido seguir. ¿Te ves con una persona así? ¿Te ves casándote con alguien en quien no puedes confiar? ¿Te ves teniendo hijos pensando el resto de tu vida si no ha vuelto o volverá a hacerlo?

Pero no he recurrido a lo de "hay muchos peces en el mar" porque eso ahora da igual, porque aunque no terminase con nadie, tampoco pasaría nada malo.

Tienes tu vida, tienes tu independencia económica y personal, tienes tu familia, tienes tus amigos, tu trabajo, y mil cosas más. Eso le he dicho, y poco antes de marcharse de nuevo: no puedes seguir así, tienes que buscar el bien para ti, lo único que te tiene que importar eres tú.

De una forma u otra se resolverá esta noche.