Dos vidas por vivir
Dos vidas muy diferentes en circunstancias muy diferentes. Dos vidas que no tienen nada en común salvo el nexo de quien las relata. Dos vidas que van a compartir zona geográfica pero que no se conocen y muy probablemente no lleguen a conocerse.
Una de esas vidas tiene un largo recorrido ya. Ahora sólo pide salir de esta y poder vivir unos años más tranquila y con los suyos. Poder disfrutar de sus nietos y su marido algo más de tiempo es lo único que tiene en mente hoy en día, a unas horas de volver a ingresar en el hospital, poco antes de que vuelvan a someterla a una intervención quirúrgica, sin saber a ciencia cierta si podrán terminar con esas células cancerígenas que se han extendido de una parte a otra de su cuerpo y que ahora están cerca del cerebro, en la zona más peligrosa de todas, donde el mínimo descuido por parte del cirujano más experto podría tener consecuencias fatales. Pero ahí está ella la tarde de antes a todo eso recibiendo sonriente a su amiga para tomar un café. Mientras hablan, trata de cambiar de conversación, pregunta por los demás, se interesa por su amiga y por la familia de ella, nunca acapara la charla, y menos aún para referirse a su enfermedad. Sin embargo, el tema es ineludible después de todo y, llegado el momento, termina sincerándose:
--Es muy duro, la quimioterapia es lo peor... Es el peor tratamiento que se pueda imaginar... Ahora incluso tengo anemia, lo que nunca he tenido. Y yo le decía a los médicos: "¿Pero y las reservas que tenía?". Pues me han explicado que todo eso se lo lleva, que eso es a lo primero que se agarra la medicación y que lo arrastra... Así es que te deja sin nada...
Levanta la mirada hacia el techo y añade:
--Esto del cáncer parece ser la peor de las enfermedades. Da igual jóvenes que mayores, ataca a todo el mundo por igual... En los diez días que estuve ingresada la última vez, murieron dos personas. Bueno, dos personas que yo sepa, de las que estaban más alrededor de mi zona, porque claro... Y una de esas dos personas era una chica de 25 años...
Los ánimos decaen por un momento, pero ella es muy fuerte y lo sigue demostrando. Por lo que después de todo esto, después del momento de bajón, ella misma afirma:
--Bueno, yo a solas también me doy ánimos y pienso: "Venga, que ya has pasado otras dos veces por todo esto." "Has conocido a otras que han pasado por lo mismo, también con complicaciones y ahora están bien, se han curado."
Pero lo más increíble de todo es cuando un segundo después te mira directamente a los ojos y sinceramente concluye:
--Si es que yo hasta me enfado conmigo misma porque me digo: "¡No seas quejica! Si nunca has estado enferma en toda tu vida, pues qué más puedes pedir..."
Este es uno de los casos en los que una vez más se demuestra que la vida no es justa en absoluto, que no hay razón para que una persona tenga que sufrir tanto y enfrentarse a lo mismo no sólo una vez, sino hasta tres. Sin embargo y por fortuna, ella es fuerte y va a superarlo una vez más, como antes, igual que en otras ocasiones, porque sigue rodeada de los que la quieren y la apoyan, y sobre todo porque tiene esa fuerza interior, ese brillo especial que sólo poseen unas pocas personas que les otorga una fortaleza especial y las impulsa a vencer obstáculos por muy elevados y complejos que puedan parecer.
Esta es una de las dos vidas que quedan por vivir. La otra es muy joven aún, sólo cuenta con dos años de edad. Y aunque sea tan corta, ya ha sufrido un cambio radical: ese niño ha sido adoptado. Va a pasar de su ciudad natal en un país como Israel a una pequeña capital de provincia española. Su vida va a cambiar radicalmente en breve, las oportunidades se abren ante él aunque él mismo aún no sea consciente de ello. Ya no residirá nunca más en un orfanato, a partir de ahora tendrá un hogar y una madre que le querrá como si hubiese estado en su vientre. O incluso más.
Por el momento, la futura madre solamente ha recibido un informe médico que confirma su buen estado de salud, pese a un pequeño problema causado por un hongo que afecta al cuero cabelludo, que en cualquier caso pronto se solucionará y realmente no tiene importancia alguna. Y junto a ese papel, una fotografía de carnet que muestra su gesto tímido e inocente, además de lo guapo que es y lo bueno que parece.
Y su madre le espera ansiosa y a él no sabemos qué le han dicho ni cómo le explicarán que se va a otro país, en un viaje muy largo, con una mujer a la que no ha visto todavía pero que le va a querer y a cuidar mejor que ninguna otra persona en el mundo.
Este es uno de los casos en los que la vida parece cobrar sentido, es uno de esos acontecimientos que te hacen pensar que la vida es maravillosa y por eso mismo merece la pena vivirla. Porque lo verdaderamente importante de todo esto es que un niño va a ser feliz haya pasado lo que haya pasado (o quizás con un poco de suerte no) y que una mujer, aunque no esté casada ni con pareja conocida, ha podido convertirse en madre y ese hecho la hará feliz el resto de su vida.
Se trata de dos vidas que quizás jamás se cruzarán, dos seres que nunca se conocerán en ese tiempo que les queda por delante; pero a los que el día de mañana, una misma fecha en el calendario de dos países entre los que existe una enorme distancia física les llevará a su futuro inmediato, un futuro que ojalá les depare muchos años aún por vivir felices y queridos. Después de todo, ella y él aún tienen mucha vida por vivir.









X dijo
... la verdad que la niña en mi agradece que Papá Noel no pase por Catalunya, segun tengo entendido la costumbre es apalear un tronco para que dé los regalos....
Francamente, prefiero comerme a Rudolf que linchar a Papá Noel!!
Un abrazo ;)
X
23 Julio 2008 | 02:50 AM