Y lo es en más de un sentido: primero, porque es mi santo, o uno de mis dos santos; segundo, porque siempre pasa algo bueno. Por eso quería que este año pudiera ser algo relacionado con una persona especial -o que yo pensaba especial-. Aunque llegue con un poco de retraso, este es mi propósito de Año Nuevo: no creer lo que me digan los demás, ni siquiera si son amigos míos. No voy a creer nada relacionado con miraditas, gestitos, conversaciones ni nada parecido. Al final, me llevo yo el chasco.
Sin embargo, no hay mal que por bien no venga y hay más de una sorpresa esperando a la vuelta de la esquina. Eso es lo que he pensado después de lo que ha pasado esta tarde. Hay mucha gente por el mundo a la que merece la pena conocer, y desde hoy una en concreto que espero poder seguir conociendo pronto. Sí, definitivamente, el 27 de enero es mi día.