Ella pudo sentir que se despedía de él, que con aquella caja que le enviaba se rompía el vínculo entre los dos. Y al soltarla sobre el mostrador, de repente, se sintió vacía, como si toda su vida, sus sentimientos y aquel tiempo vivido juntos se fuera con aquel paquete de regalos para él. Le estaba entregando todo: el cariño de los objetos comprados pensando en él y en su historia en común, los pequeños ratos compartidos y el resto de su futuro, porque sin él no veía más futuro amoroso.
¡Cuántas veces había dicho para sí que era el chico perfecto para ella! ¡Y cuántas veces se había repetido que no podía ser, que el final tenía que llegar! Pero había sido antes de lo que pensaba. Al principio, se arrepintió de no haber dado el paso primero, en una de aquellas múltiples ocasiones en que la razón la convencía de que aquello no podía ser. Pero siguió adelante, creyendo que en un momento dado, casi por arte de magia, llegaría la solución. Aunque tuviese que trasladarse junto a él. Ella lo haría.
Ahora, después de un tiempo, asimilaba la noticia: la ruptura se había producido y, en adelante, sólo serían amigos.
En ese instante, sin ningún tipo de miramiento, el funcionario cogió el paquete postal para cumplir con su tarea. Cuando se quiso dar cuenta, se lo había arrebatado de las manos. Ni siquiera un segundo para tocar por última vez aquella caja verde que se llevaba tanto en su interior, incluso su olor. Definitivamente, todo terminó. El paquete partió hacia otro país y ella sin rumbo hacia ningún lugar.
6 comentarios
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Al final todo lo verdaderamente importante cabe en una pequeña caja verde... da qué pensar...
Bss
gracias, alejandrita..........sería perfecto que todos tuviésemos un funcionario como el tuyo para que recogiese todos nuestros momentos con los que ya no queremos o no podemos vivir. hay cajas que se quedan siempre en el medio, molestándonos, robándonos espacio. el rumbo hacia ningún lugar es una buena dirección¡¡¡
Mucha vida detras de esas palabras para poder escribirlo tan claro y sencillo. Gracias.
Gracias a los tres por los comentarios. Hay historias que, hasta que no las pones por escrito, no puedes quedarte tranquila.
Besos
¿Que fué de esa caja?. He llegado hasta un rincón apartado y no he dejado de pensar en su contenido, en las heridas que no cicratizaron y en las manos que llenaron su contenido. Hoy seguramente se llenen de otras ilusiones.
Besos.
Pues esa caja terminó llegando a su destino. Las heridas cicatrizaron sin dejar marcas muy profundas y las manos siguen agarrándose a lo que tenían y a lo que fueron descubriendo con el paso del tiempo.
Un besazo.