La vida humana es una espiral. Venimos de la Eternidad y a ella regresamos, con la esperanza de haber alcanzado un nivel superior. El tiempo es un círculo, y nuestras relaciones también son círculos. Los aborígenes aprenden desde la más tierna infancia lo importante que es cerrar cada círculos, cada relación. Cuando se desata un conflicto entre nosotros, nos quedamos despiertos hasta dar con la solución. No nos vamos a dormir esperando dar con ella al día siguiente o en alguna otra fecha futura. Eso sería dejar el círculo abierto, con puntas deshilachadas.
--Pero --interrumpió Beatrice-- ¿qué pasa cuando esperamos algo de una persona? ¿Qué pasaría si le pidiéramos un favor a alguien tres, cuatro veces, y esa persona no nos hiciera caso? Nos sentiríamos defraudados. No resultaría fácil olvidarlo ni cerrar el círculo de forma positiva.
--Bueno, la alternativa sería seguir asociando el sentimiento de decepción con esa persona. Diez años más tarde, el mero recuerdo o la mención de su nombre despertaría de nuevo ese sentimiento, y esto, asu vez, nos provocaría un trastorno físico. Convendrás en que no es una actitud muy sabia.
--Entonces, ¿cómo habría que actuar? ¿Qué harías tú?
--Personalmente, yo le diría a esa persona: <<¿Sabes qué? Me sentí decepcionado cuando ignoraste mi petición de ayuda. Insistí una y otra vez, y me sentí cada vez más defraudado.>> Luego, sonriendo, añadiría: <<Debo de ser duro de mollera. Tenía que haberme dado cuenta, al comprobar tu primera reacción, de que no ibas a hacerme el favor que te había pedido. No era algo que desearas hacer, y probablemente pensaste que fue bastante tonto por mi parte volver a pedírtelo. Tenías razón, fue realmente tonto. Lamento haber tardado tanto en comprender que no estabas interesado en el tema.>> Lo más seguro es que acabáramos riéndonos de mi comportamiento y ambos habríamos aprendido algo de la situación. Entonces mi círculo quedaría cerrado.
--Pero, ¿qué pasaría si se tratara de un asunto realmente importante? Pongamos por ejemplo que un pariente tuyo se dedicara a hacer o decir cosas que te resultaran muy ofensivas y te molestaran mucho, que se comportara de una forma que, como decís vosotros, no te oliera bien. ¿Qué harías para cerrar el círculo en ese caso?
--Le diría a ese tal pariente con bastante firmeza: <<Te quiero, pero no me gustan tus acciones. Soy consciente de que no se trata de algo accidental. Sé que para ti está bien actuar así, porque has elegido expresarte de esta manera. Lo he intentado, pero no puedo aceptar lo que dices y haces. Para mí no está bien, así que debo abdicar de nuestra relación. No puedo invertir más energía en ella. Te quiero, pero no me gusta lo que haces, así que te deseo todo lo mejor y me despido de ti.>>
--Vaya... --murmuró Beatrice--. Entonces, lo que estás diciendo es que yo puedo cerrar el círculo por mi cuenta. Si la otra persona acepta, el círculo también se habrá cerrado para ella, y si no acepta da igual, porque si algún círculo se queda abierto es el suyo. Ese sera su desafío espiritual, pues ha elegido no cerrar el círculo.
--Exacto. No tienes la obligación de llevarte bien con todas las personas. Con algunas, es imposible hacerlo. Lo que sí te comprometiste a hacer antes de venir al mundo fue amar a todos tus congéneres, y eso es fácil. Debes amar lo eterno de cada persona e invertir todas tus energías en aquellas cuya forma de conciencia es más afín a la tuya. La única forma de influir en alguien es predicar con el ejemplo, pero debes recordar que nadie cambiará hasta que esté preparado. Y recuerda, no hay bien ni mal. Todo tiene su lugar en el esquema de la Eternidad.. --La barba del anciano acompañaba sus movimientos mientras hablaba y dibujaba sobre la arena.
>>Venimos a este mundo con un nivel de conciencia espiritual y tenemos la oportunidad de abandonarlo en un nivel más elevado y amplio.
Tras reflexionar un momento, Beatrice preguntó:
--¿Y qué me dices de las personas de nuestro pasado? ¿Qué pasa si sientes rencor hacia una persona que no ves desde hace tiempo y que puedes no volver a ver en la vida?
--No importa. Debes decirle lo que tengas que decirle en pensamiento, y enviar el mensaje en un arco iris allá donde esté. El arco iris se encargará de que lo reciba. Debes convertir tu vieja condena en una observación. Nadie tiene que perdonar o dejar de perdonar a nadie, sólo tenemos que ser más comprensivos. Sana la herida de tumente, de tus emociones, de todo tu ser. Cierra el círculo y sigue adelante.
La penetrante mirada de Googana parecía actuar como un imán sobre los ojos de Beatrice.
--Cuanto más sutil es la forma en que se canaliza la energía --prosiguió-- más cerca está de la Fuente de la Unidad. Mover los brazos de forma rápida y brusca puede ser lo más apropiado en algunas circunstancias pero es una forma de energía más apegada a la parte física, mientras que los movimientos suaves y lentos se hallan más cerca del espíritu. La música alta y acelerada es algo muy físico, mientras que el sonido arrastrado y sostenido de una sola nota llega mejor al espíritu. La caza de animales, según el método y la intención de quien la practica, puede ser más o menos coherente con su evolución espiritual. Observa bien todo lo que te rodea, incluyendo las relaciones, los rituales, los alimentos, las enseñanzas, los juegos y hasta los lugares de refugio: descubrirás formas muy sutiles de energía. Pronto comprobarás que puedes conversar, consolar, apoyar y amar con muy pocas acciones y menos palabras aún. Se puede hacer el amor con la mirada. En algunas ocasiones, la cercanía física tampoco es necesaria. Se puede hacer mucho desde la distancia, por grande que sea.
Mensaje desde la eternidad, Marlo Morgan.
Págs. 278, 279, 280 y 281.